viernes, 1 de diciembre de 2006

Lo jodido de acostumbrarse


Buenos días:
Ahora que estamos invadidos de pánico al polonio, dejando a un lado a los demonios del proceso de paz y los diablos del frenesí consumista navideño, me doy cuenta de lo jodida que es la costumbre. Nadie ve ahora el sida como una amenaza real; es algo que se llevó por delante a unos pocos desgraciados, pero, tan lejana su puesta de largo, que se diría que es una enfermedad extinguida, como la viruela, o inofensiva como un catarro.
Y es que es más cómodo pensar en las desgracias del Cachuli, pobre, que plantearse el drama que supone a diario esa enfermedad para tanta gente. Gente que ya no supone un peligro social (los maricones y los enganchaos ya saben cuidarse, dirían algunos) y en cuanto a los fámelicos negritos, qué más da que mueran de sida que de hambre...
Pues eso, que el puñetero costumbrismo nos sirve de bálsamo olvidalotodo para aquello que no resuene a todas horas en teles, radios y similares. Y así nos luce el pelo.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Con perdón



Buenos días. Con perdón.
A vueltas con el fastidioso proceso de paz (por lo pesaditos que están todos los implicados, mareando la perdiz hasta el coma etílico y sin más resultados que la consecuente resaca), quiero reflexionar sobre el perdón. A colación de una frase que escuché el otro día a alguno de los protagonistas de este culebrón: "... el perdón resulta más sencillo para los que más han sufrido".
Tan cierto como que es muy fácil arreglar el problema. Tan solo perdonar. Ya vendrán luego los acuerdos, los pactos y los modismos, pero perdonar. A derechas y a izquierdas, a sanguinarios y desangrados, perdonar.
Si la gente solo quiere vivir en paz, basta perdonar y arremangarse para avanzar. No hace falta olvidar, eso es otra cuestión. Y no es ni fácil ni obligatorio. El dolor no se olvida, pero se mitiga.
A ver si convencemos a esos que enarbolan la política de que no hace falta que justifiquen sus puestos con una guerra que nadie quiere, que estamos hartos de malos y buenos. Que queremos que se acabe, ya. Que no se quiere más a tu país por defender a ultranza el rencor, aunque eso conlleve algunos votos de más. Tampoco debe ser el billete del viaje al país del YoAcabeConEta, "mira que guapo soy". Que esto no es Gran Hermano, que nos la trae floja el papel que quiera adoptar cada uno, que el patriota agravado, el progre aflojamanos y el pistolero sin pistolas nos tienen ya cansados de amenazas, concesiones y, sobre todo, bonitas fotos.
El querer ser vasco es tan lícito como sentirse guatemalteco, o alhaurino, o terrícola. Que de ahí a ser demonio van muchos tiros, que, por suerte, no todo el mundo dispara. Pero hay que perdonar para admitir y admitir para perdonar. Tan sencillo como eso.
Ya vendrá después la justicia a rendir cuentas (esa que absuelve a Farruquito por matar, aunque como no es etarra....; esa que fianza la salida de la Zaldívar con la imponente suma de 15 millones, un gran golpe para los 3.000 ó 4.000 que se ha "dispensao"...; esa que te embarga un piso por no pagar un mes de hipoteca...) si es que aún queda alguien que crea en ella. Tras perdonar.
Ya está bien de romper camisas (o de quemar autobuses) en nombre de AVTeses, HBeses y todos los eses que quieran. Que el perdón es tan íntimo como el amor. Y ninguna asociación, ni partido, ni banda armada, ni la madre que los parió debe decidir si quiero o no quiero perdonar.
Con perdón.

lunes, 30 de octubre de 2006

Pues eso...

Estoy harto de pajilleros que se miden la vida en comparativos centimetros, harto de quinceañeras de cuarenta y tantos que se miden la vida en decibelios de reguetón; harto de chats sexualmente explícitos y mentalmente anémicos; harto de anuncios CHICA10 que venden amnesia; harto de intelectuales homo erectus (o eso quisieran) siemprecumplidores.
¿No han enseñado a nadie en los últimos treinta años a pensar?
¿Porqué tengo que autodisculparme cuando brota alguna idea de mi modesta masa gris y desemboca en el canal de los sentimientos más higienicamente sucios?
¿Tengo que confesar a los míos que me ponen más, visto lo visto, las broncas de Sánchez Pujalte que lo que está sexualmente in?
Quizá no esté de moda el erotismo, puede que no tengamos tiempo para eso, pero, cuando echemos un vistazo atrás y veamos cuanto perdimos entre la meseta de lo correctamente cotidiano y/o la cordillera del "tiabuenatevoyaecharunpolvazo" ,diremos, existo luego pienso, pero...pienso, luego sexo?
Es lógico que, puestos a pensar en cómo pensar, se obvie cualquier imagen. Perdonen las disculpas.